viernes, 29 de marzo de 2013

6O.

Cada día me acuerdo de ti, cada día te echo de menos y eso que ni si quiera pude llegar a tenerte entre mis brazos.
Todas las noches miro al cielo, me quedo embobada observando las estrellas y me pregunto si en alguna de ellas estás tú, observándome y brillando. No tuve oportunidad de decirte cuanto te amo o de oír un "Tita" de tus labios, ni si quiera pude ver si eras tan precioso como me imagino que eras. Cada día de mi vida te necesito junto a mi, necesito abrazarte.
Siempre he querido llevarte a dar paseos, jugar contigo y hacerte reír; desearía poder escuchar esa risa tan contagiosa que seguro que tenías.
Dos años y cinco meses desde tus primeras horas de vida... Y tu muerte.
Siento tanto que todo esto haya pasado, nadie tiene la culpa, mi pequeño, salió mal y es así, no podemos remediar algo de ese calibre, aún que la verdad es que cada día desearía poder hacerlo, poder remediar todo lo sucedido y así poder estar juntos ahora, pero... Mi querido, me temo que es algo que ni yo misma puedo cumpli; yo, quien daría lo que fuese por cumplir sus deseos, ahora mismo uno de los deseos más importantes y que más siento, no puedo hacerlo realidad.
Y no creas que no lo he intentado, he llegado a creer en algo que no existe, a rezar incluso para que todo sea un sueño y que, cuando me despierte, me lleguen noticias de tu nacimiento, un nacimiento correcto y sin problemas...
Pero no me cansaré de recordarte, de recordar a mi fallecido pero inolvidable sobrino.
Te amo, como jamás he amado, como jamás he querido.
Siempre, mi vida, siempre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario